Me siento en un asiento de cuatro, esos que tienen mesa en el medio, como en las películas. Esos que tenes que mirate si o si con el de adelante. Igual en el 99, 9% del trayecto uno no mira al que tiene enfrente porque es incómodo, porque queda como que gustas o que estas medio psicótica, o sea, nadie lo hace. Ni los que se gustan se miran mucho, solo un poco y a veces, después de la tercer, cuarta mirada, ya es que gustas.
Continuando con lo anterior, estoy en mi asiento, nadie ha ocupado aún los tres restantes. El tren arriba en Padova, y yo estoy intentando dormir. Siento que se sienta alguien al lado mio. Yo abro un solo ojo y le veo la pierna, distingo que es un hombre, pero no llego a saber la edad, ni si es lindo, menos si es algo interesante. Quiero verle la cara, pero aguanto un poco más así, me gusta hacerme la cabeza de lo que puede ser. Pienso que luego nos ponemos a hablar y bajamos justo los dos en Florencia y nos enamoramos, y bueno, todo eso...
Escucho que el tipo se pone a tararear algo, ya conozco su tono de voz. Me gusta que tararee: parece desihnibido, será más fácil establecer una conversación. Decido mirarlo, lo miro, es viejo, tiene anteojos y parece Woody Allen. Fin de la historia.
En eso llega una gorda, cargando a un nene que come pizza, manchando su ropa, sus manos y a la gorda. Sera como su madre en un par de años- pienso.
La gorda me dice algo, que no entiendo, me habla en italiano, me imagino que habla sobre mi ubicacion en el tren, que es equivocada o algo asi. Woody, que entiende italiano, se disculpa y se cambia a los asientos que están justo en la fila al lado de la nuestra, donde ya están instalados tres yankiees.
La gorda se sienta, gracias a dios, enfrente mio pero en diagonal, su marido, un tipo con pocas ganas de vivir, al lado mio. Y aparece el último personaje: una chica italiana que se va a sentar frente a mi, también con pocas ganas de vivir, pero con un no ganas de vivir distinto, es momentaneo y por algo específico, no como el del marido de la gorda.
En eso escucho que de los asientos de al lado, Woody comienza a hablar con los yankiees. Les dice en inglés que seguro que ellos hablan inglés, por eso él les está hablando en inglés, que no sabe porque lo sabe, pero que lo sabe. Los yankiees asienten sin el menor entusiasmo, y ahí mismo empieza el show de Woody que dura aproximadamente una llegada a la proxima estación y que realmente es dificil de soportar.
El tren no ha avanzado aún y la chica italiana larga unas lágrimas que ya no puede contener. Está dejando su vida en este viaje, en este tren. No hay nadie detrás de la ventana, espernado, mirando por ella. No hay nadie que las pueda compartir, excepto yo, que no me queda otra que mirarla, para decirle: no se que te pasa, pero yo te apoyo.
El tren avanza, el nene comienza a inquietarse, su pizza se terminó y no hay mucho para hacer, más que mirarse y esperar que el tiempo pase hasta arribar a algún lugar, quien sabe donde, ya no me acuerdo.
Woody Allen habla enfermamente, en lo poco que entiendo y me interesa entender, cuenta historias sobre fábricas, estadísticas comparando a Italia y EEUU, ahorro de energía, a lo que los yankiees responden con miradas cansadas y poco activas. De todas maneras Allen no está en absoluto interesado en que ellos interactuen, solo quiere hablar, mostrar que es sorpresivamente muy inteligente y creo, más que nada, que alguién lo mire un rato y asienta.
La chica italiana suspira para poder continuar llorando después. Entonces la gorda mira, yo miro. La chica se disculpa. Yo abro mi paquete de galletitas y le convido una. La chica sonrie, toma una y come , sin ganas de comer.
miércoles, 1 de agosto de 2007
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5 comentarios:
el cuento tiene que seguir.
¿porque lloraba la muchacha?
¿que quería demostrar Woody?
¿al marido aburrido la maltrataba a la gorda?
¿a donde querías llegar vos?
¿los pasajeros iban a ser los mismos hasta el final del viaje?
¿o subía otro que cambiaba todo lo hasta aquí había pasado?
Me hizo acordar la película que trabajaba Marcelo Mastroiani, la Ciudad de la Mujeres (o algo asi), en la cual al final uno se daba cuenta que todo había sido un sueño. ¿este lo es?
Buenisisimo nena será que sos mi hijita querida, que bien escribis , seguí haciendolo algun dia publicarás tus memoriaS mAMUCHI ES TARDISIMO Y ESTO EN LA CASILLA DE TU PAPITO MEVOY A HACER NONITO
MAMUCHELINI
anonimo 1: es eso, nada, mas no pasa otra cosa en el tren reelevante para que la ponga, solo que siempre esperamos un final, sino parece que no cierra la historia. Yo podria decir que cierra, porque finalmente hay comunicacion entre los integrantes del grupo de asientos, cosa en que un primera parte del texto, se pone en duda. Eso es todo
anonimo 2: ma, podes poner tu nombre, prefiero eso a que firmes con mamuchelini, por favor
esta historia la escuché primera, tuve la primicia de la propia Milena Parrella!!!, y encima sentada en un pizzería de Roma comiendo pizza por metro compulsivamente.
Pero la historia es buena y por eso la volví a leer y fue como revivir ese fantástico momento...
Te quiero Mile!!!
amiguita me alegro que te haya gustado por dos! yo tb te quiero
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