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miércoles, 16 de enero de 2008

Historia para llorar

Hace algunas semanas atrás salgo con mis amigas del trabajo. Era una de las pocas veces que salía con ellas. Vamos a un lugar moderno, con buena música, buen clima pero malos precios. No importaba, era una noche especial, lo presentía.

Entre el humo de la pista, distingo a un muchacho muy guapo, nos miramos un poco, coqueteando, y luego se me acerca. Nos ponemos a platicar. Me cuenta que se llama Alan, tiene 27 años, es escultor, y vive en San Sebastián. Yo estoy sorprendida por su manera de ser simple pero intensa. Me parece una persona sensible, abierta, aventurera. Le gusta la naturaleza y viajar tanto como a mí. Me emociona escucharlo.

Nos besamos, después de un rato. Me gusta su manera de besar, es caliente y tierna al mismo tiempo. Me dice cosas bonitas y yo ya estoy estúpida por él. De a ratos se va con sus amigos, yo bailo con mis amigas. Me excita su forma intensa de mirarme desde otro lugar. Nos volvemos a acercar, nos besamos con más ganas que antes. Ya casi llegando al final de la noche me pregunta si quiero dormir con él. Yo no estoy muy segura de que contestar. Me gusta mucho y realmente quiero acostarme con él, pero no se si es lo mejor. Quiero que sea especial. Hago un esfuerzo y le digo que no. Que intercambiemos números de teléfono. Así lo hacemos. Se va, dándome un beso tierno. “Te llamaré” me dice y yo le creo.

Al día siguiente me levanto alegre, inspirada por el amor una vez más. Voy al baño y cuando me miro al espejo noto algo extraño en mi cara. Mi piel parece podrida, como a punto de caer. Me angustio porque es realmente desagradable. Y no entiendo porque puede estar pasándome esto. Me visto rápidamente y voy al hospital más cercano. Me atiende un especialista, me revisa y lo noto un tanto preocupado. Después se aleja de mí, se saca los lentes y se sienta en su escritorio. Me pregunta donde estuve los últimos días. Le cuento un poco acerca de ello. Indaga sobre con que personas estuve. Hago el recuento y le comento de Alan. Me pregunta si lo conozco, si tengo relación con él. Le explico la situación. Ya empieza a agitarse mi respiración. Me dice en tono calmo que tengo aparentemente una bacteria que se contagia mediante contacto físico por personas en estado de descomposición, personas muertas. El corazón se me para por un momento. Revivo la noche del día anterior, y realmente no entiendo que puede tener que ver aquel muchacho. El doctor me pregunta si tengo algún número para contactar con él. Le digo que si, y entonces me sugiere que deberíamos llamar a la policía. Me receta unas pastillas y me voy. Esa tarde me llama la policía para ir a declarar. Les cuento todo, detalle por detalle. Les digo que es de San Sebastián y que está aquí por vacaciones, pero no se cuanto tiempo más. Estoy muy asustada. Ellos intentan calmarme. Me dicen que yo me quede tranquila, que ellos se encargarán del asunto, que yo no lo llame. No se nada de nada durante las próximas semanas y ya me olvido un poco del tema. Hasta que ayer por la tarde me llama un oficial y me cita en la comisaría. Me dice que han contactado con Alan. Que fueron a su casa de San Sebastián y que entraron a la fuerza. Allí estaba él. Vivía con tres muertas.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Lerici- Italia



Durante unos cien metros, una fila de gente, con la espalda contra los bloques de piedra, sentada al fresco: viejos, jubilados, enfermos, parejas de novios. Sin decir nada o casi, miran el espectáculo del pueblo y del mar.

Pier Paolo Pasolini, Larga carretera de arena


martes, 23 de octubre de 2007

un día

Sacate la mascara-
Revolvete la sangre .
En frenta te al no lu gar de ...



Una mañana de invierno me levanté un poco congestionada. Las medias a rayas y el pijama rosa que me había regalado mi mamá para navidad me acompañaron, también somnolientos, hasta el baño. Hice pis con los ojos cerrados.
Me acerqué al espejo, esperando verme con los ojos claros, con la boca inflada y los pelos enfurecidos. Esperé ver mi lunar, mi nariz un poco chueca, mis dientes grandes. Esperé o más bien, fehacientemente supe que allí iba a ver reflejada mi cara, la cara que hace tantos años tengo y que hasta ese instante entendí que iba a seguir teniendo. Pero resultó ser que no, que lo que había encontrado con tanta naturalidad todas las mañanas frente al espejo, hoy era parte del pasado, de un pasado cercano pero impropio.
Así como nunca hubiese esperado tener otra cara, tampoco hubiese esperado sentirme tan singularmente cómoda con ella. No hubo gritos, no hubo extrañamiento, no hubo mayores sobresaltos. El momento sólo fue diferente en mí porque la pasta de dientes se había terminado y me acordé de que no había comprado otra.
Creo que nunca me vestí y salí a la calle. La gente era diferente, todos tenían caras distintas, todos miraban, todas andaban felices, esperando el nuevo día.
Me tomé el autobús 9. Nunca lo había tomado pero yo actuaba instintivamente. Mis pensamientos no interferían. Me llevó a un terreno baldío, con algunos graffitis que me sensibilizaron. Tenían inscripciones ilegibles, dibujos irrazonables, colores irreconocibles. Los miré sentada en un piano de cola abandonado, durante 10 minutos sin parar, o eso creí. No llevaba reloj. De pronto aparecieron dos bailarinas. Una tenía un paraguas color fucsia con puntillas de porcelana. La otra, un sombrero verde o un sapo en la cabeza. Ahora no estoy segura. Mi corazón se paró durante todo su baile. No sentí más nada que amor. Las bailarinas hicieron un bis para el sapo, que se había sentado a mi lado, y pidió otra copa de vino. Pedro, me dijo que se llamaba, más tarde. No tenía nariz ni orejas, eso me llamó bastante la atención y por eso me perdí el segundo baile. Aunque creó que más bien fue porque el primero me había colmado la existencia, esa única y particular existencia, que ya no me daba lugar para otra.
Nos fuimos, caminando por las calles vacías. Cuando quise decirles algo, ellos ya no estaban. Pero me habían dejado el paraguas.
Divisé a lo lejos, a unos chicos que saltaban eufóricos. Me divirtió la idea de estar un poco con el cuerpo en el aire. Y me acerqué entusiasmada. Me subí sin preguntar. Uno de los saltos me dijo que podía, si quería, llevarme hasta más arriba, casi al cielo. Le dije que sí. Ese día no decía que no a nada, o a nada nuevo.
Desde arriba pude ver que había muchas casas, vi a cada persona dentro, vi a cada libro y los misterios de los que hablaba, vi a cada perfume y las veces que olerlo había emocionado a alguien, a cada bufanda y los inviernos que había sido usada, a cada té y las charlas que había escuchado, a cada guitarra que había enamorado. Y pensé por primera vez que yo era parte de todas esas cosas. De las que habían vivido otros.
Mi paraguas me ayudó a bajar a salvo. El camino fue largo y suave.
Volví en patineta a mi nueva casa, una que me prestó alguien que pasaba y que además me contó un chiste:
_¿Por qué los bizcos, son bizcos? Por que tienen dos ojos.
No me dio risa, pero le besé la mano.

Me acosté con un tema de bossa nova. E hicimos el amor.

martes, 9 de octubre de 2007

Las de dientes grandes

Mechi se despeina, yo también.
Mechi mira con ojos de gata, yo me quedo escuchando The Doors.
El viento sopla en El Prado.
_ ¿Cuantas preguntas hiciste? ¿Cuantos ojos miraste?
_ Ya no se, lo hago siempre…
Si, me di cuenta.
Y yo me copio un poco.
Porque me gusta su pureza - inocencia -sensualidad cuando es, porque ella solo es.

Me gustaría poder poner un tema, pondría uno de Pappo.
Mechi y Mile en la ruta haciendo dedo.
Los pelos vuelan, por el viento. Botas altas. Y de cuero negro. Maquillaje corrido.


_Y vos… ¿vos cuantas veces te enamoraste?
_Creo que dos, esta es la segunda
_ ¿Tanto? … a mi no se me mueve un pelo hace 846 tardes y 2 hombres.
_Se te están moviendo…
_ Bueno puede ser.
_ Pero es porque escuchamos Pappo


_¿Vos sabes que animal sos? Yo un poco ardilla, un poco oso panda, depende…
_¿Depende del clima?
_No, depende de la cantidad del azúcar en la cabeza, o la sal en los pies.

Fierecillas que asechan la conversación de tequila and cigarets.
No hay pausa.
Sigue así:

_Sabes que conocí a un galgo
_¿A quien pertenecía?
_Fue uno mio, se me escapó
_¿Con quien?
_Con mi nuevo vecino, el que maneja un audi.
_¿Y?
_Me dijo: sos muy buena persona
_Pero a vos siempre se te escapan galgos, ¿que te haces la primeriza?
_Si, pero este fue diferente, tenía dientes de algodón, me quiero ruborizar ¿viste?
_Vi
_¿En la panza?
_Si, acá en la panza


Bailemos…

Tu tu ru tu tu

sábado, 6 de octubre de 2007

El chino de la esquina

Me levanto una mañana, a eso de las 8... decido una vez más ir a trabajar.
Tomo el metro y pienso en lo aburrido que es viajar en metro.
Llego a la oficina exactamente 5 minutos tarde, como es normal.
Rutina, rutina y más rutina.

Estoy preocupada por el departamento, donde carajo voy a vivir...
Entro discretamente a internet y encuentro avisos que se repiten: Se busca chica, responsable, trabajadora (y etc) para compartir piso con dos... bla bla bla
Llamo.
_No, el piso acaba de ocuparse
Que bien! mi vida sigue a toda adrenalina.

Salgo con Mechi al mediodía a ver un piso, uno de esos de mierda, que te cobran un ojo de la cara. Decidimos que lo mejor es descansar. Almorzamos con cañas de por medio en un bar andaluz.
_Esto es Madrid, mile, disfrutalo -pienso o me lo dice Mechi, ya no recuerdo.

Paso unas horas más en la oficina haciendo que me interesa mi trabajo y que soy responsable.
Vuelvo al metro. Realmente el metro me angustia. Gente en un chorizo que se traslada por un agujero negro (no es una analogía aunque perfectamente lo está siendo) que mira hacia los costados para no mirarse y para no entrar en la vida de nadie, por las dudas de algo.
Yo lo hago también.

Bajo un poco agobiada. Serrano 56, por acá deberia ser según mi plano, llegué. Veo que un chico a unos poco metros mios mira el plano también, luego al edificio donde yo ya estoy tocando timbre y luego a mi.
_Vienes a ver el piso?
Asiento amistosamente, ya que es bastante lindo.
Subimos juntos con dos viejas en un asensor feo, con paredes marrones y luces bajas. Una de las viejas carga paraguas, por las dudas de que llueva. Mi amigo y yo sonreimos un poco.

_Esta sería la habitación. ¿Para quien es de los dos?
_No, no, nos cruzamos abajo. -digo, para sacar del paso una situación que en realidad no era incómoda.
_Ah...
_Y esta es la cocina

Y así. En el living hay otro interesado por tener casa pronto.

Nos sentamos a conversar los cuatro. De un lado, el entrevistador, y del otro, los tres entrevistados. Me toca el turno de hablar.
_Bueno, yo soy de Buenos Aires, tengo 25 años y estudié diseño de imagen y son... (me río, que es todo esto?, un casting??, Si es un casting a ver quien es el próximo Gran Hermano de la Casa Serrano 56)...
Me hago un rato más la simpática para que me elijan, cosa que no me sale nada bien, por eso sigo sin casa.

Salgo a la lluvia. La vieja estaba bien equipada, pienso después de mojarme durante 10 cuadras.
Llego a mi casa ajena y me espera mi maleta armada para confirmarme que sigo en problemas. Todavía no habrá Gran Hermano.

Al rato vienen los dueños, un poco cansados de verme sentada al ordenador mirando blogs y páginas de avisos que nunca llegan a nada. Charlamos algunas cosas poco trascendentes y después ellos declaran que van a dormir, hasta mañana.

En la soledad del living, con el sillón-cama armado y mi ropa para mañana en la silla, digo: esto no puede terminar así. Me pongo la campera arriba del pijama y salgo. Ya no llueve, pero el piso está mojado. Camino media cuadra casi convencida de que no puedo tener suerte en nada, pero de refilón veo una luz que parece decirme: está abierto.

Y efectivamente, el chino estaba abierto.
Sonrio como nunca antes en el día, voy por mi cerveza bien fría. Y pago.

_Hasta que hora tienen abierto? -pregunto para hablar de algo, más que nada.
_Hasta las 12
Miro mi reloj: 12:14
_Grande chino!


Un chino me alegró la noche.

domingo, 23 de septiembre de 2007

extractos de las 3.30

es como lo mas terrible que te puede pasar, digamos
plis
y pasa que peudo tomar 4 veces mas whisky , me fumo 80 cigarrillos, y es todo bastante bueno
te veo mas pilas
cariñosamente te digo
tas fumando ahi, que onda
tengo insomnio
no me decis que te gusto otra parte
yo rescato algo bueno de esta charla
como te pone
estas yendote medio a la mierda
estoy en camino de convertirme en un misogino sociopata total
sino es divertido
jjsjajjajaa
y tamos poniendole huevos viste
te escucho
si sos inteligente digamos, si sos un cabeza de mono no se que onda
lo que me parece que exageras es donde decis lo de prohibido
uy que rico eso
me dan ganas de ahorcarme, o convertirme en un hermitaño
hablo mucho y soy brillante y me garcho al mundo
con lo POCO que te conozco
pasa o no pasa
digamos, una ex que aun sangra, no ?
martillazo en la cabeza

jueves, 6 de septiembre de 2007

Un bicho llamado B.

Y un día me invadió el cuerpo una sustancia rara.
Se formó en las caderas,
subió por el hígado y
terminó en mi ojo izquierdo.

Este tiempo
no podía más que mirarla,
que consumirla.
Hasta cuando estaba durmiendo, seguía tirándome de los pelos,
diciendome: no me dejes... quereme todo el tiempo.

Un día tuve que parir. No podía seguir con esto.
Fue difícil y sangriento, pero salió,
algo salió, por mi boca más precisamente.
Era un bicho extraño,
yo le puse de nombre B.

B. creció. Yo también crecí.
Dejé de guardarlo en mi bolsillo y lo puse cerca de la ventana,
a ver si algún día se largaba,
Pero B. siempre volvía,
creo que le gustaba tocarme la panza.

En varias ocasiones me enojé
Cada uno su vida, loco -le dije
Tenés que hacer tu camino -fingiendo que no me importaba

Pero B. sin que yo me diera cuenta
había descosido mi ombligo y se lo había atado a sí mismo
para que nunca nos separemos...

De a poco creo que empecé a aceptar que B.
es parte de mí,
y yo parte de él.
No hay nada que hacerle.

domingo, 12 de agosto de 2007

Bolas de pelo

En un calle al metro Chateua D`eau
En una calle negra, muy negra
se juntan varios pelos, pelos negros y rizudos

Vuelan, pasean, andan como si nada, creyendo que pueden tener un vida normal
un registro de conducir
una casa linda
un parque con parrilla
y quien te dice, un gato de mascota

Yo paso y los miro, con lástima, con conciencia
ellos no pueden, porque son pelos
porque son pelos y no tienen nada que hacerle

Algunos toman cerveza, porque les gusta
otros te miran y te dicen algo
pero nadie, absolutamente nadie les hace caso
¿Quien va a mirar unos pelos por la calle?
Solo yo...


viernes, 3 de agosto de 2007

Me lo dijo A

Sino sientan esto:

- ¿Te querés casar conmigo?- dijo con voz varonil-. Sabes que te amo, Porota.
-Seguro, amado mio- dijo ella con voz temblorosa de pasión-. Nuestra noche de bodas será como entrar en el cielo.
Tres meses después ella dio a luz una niña que llamaron Estafeta en honor a una célebre dama de la comarca que había vendido su tapado de nylon (imitación nutria) para que el equipo de foot-ball del lugar pudiera ir a las islas Sandwich a perfeccionar un detalle técnico que les faltaba conocer. Bueno, Estafeta creció, se desarrolló y a su vez se casó (dicen eso) con un hombre... que resultó ser el tio Jacinto cuya historia no me contó el profesor por probables resquemores.

(...)


Y además:

-Resulta de que...-dije.
-Callate la boca, Puchi -dijo- o te dejo la lengua echa un sacacorcho previo proceso de petrificación. Si, tiene usted razón, resulta de que Puchi... o te dejas de joder o te echo flit en las axilas con lo que terminas perdiendo tu razón de existencia (das-sein)...
-Dejelo, pobre animal, el mundo es demasiado grande para usted y yo porque resulta de que...
-Tiene usted razón, querida amiga -dijo- pero no hay pan que por miel no venga...
-Hacete bien y no mires a Quien...
-¿También usted conoce a Quien?...
-Nos educamos juntos, tuvimos la misma ama de llaves... mamamos de la misma cerradura
-Dicen que traen suerte las herraduras
-Cuestión de perfumarse con Dior nº5
-Quien se perfuma con Dior amanece más temprano... Puchi o dejas de conjugar el verbo yo conjugo o te hago jugo de paraguas y te bebo cuando llueve para que no te mojes...


Alejandra Pizarnik, Prosa completa

...que me acompaño en parte del viaje

jueves, 2 de agosto de 2007

Diálogos

Vagón fumador
-Ud fuma mucho señor, debería dejarlo
-Lo se, pero me cuesta
-Lo se, pero me trae un cancer a mi también
-Oh! eso lo se, pero no puedo evitarlo
-Traerme un cancer?
-Si
-Lo se

(Mile fuma más para no tragar humo ajeno)


En un sillon a la ventana
-LLueve en Berlín porque te vas... Berlín está triste
-Si, yo también estoy triste...
-Estas lloviendo?
-Si

(Mile tratando de despedirse de lo indespedible)


Una noche en Roma haciendo zapping en MTV Italia
-Viste que casi todas las canciones italianas dicen parole?
- Esta canción es en italiano?
-Si
-Ah, creí que era en inglés

(Mile confundida después de tantos idiomas)

lunes, 30 de julio de 2007

La habitación

Una casa chica, con un baño, una cocina y una habitación.
Afuera, calles mudas, largas y grises, en medio del mar.
Ana entra con su maleta naranja. Una recepcionista la está esperando en un rincón de la habitación. Ana se acerca y le entrega sus comprobantes de reserva. La recepcionista chequea los datos en su pequeño escritorio de madera. Acepta su nombre y su documento.
Ana se acomoda en la habitación mientras la recepcionista observa vagamente algunos papeles. Ana duerme. La recepcionista lee un libro gordo y marrón.
Ana come. La recepcionista se lima las uñas y después suspira.
Ana se baña. La recepcionista decide ir a la ventana y mirar hacia afuera un rato, aunque sea 30 segundos.