En un calle al metro Chateua D`eau
En una calle negra, muy negra
se juntan varios pelos, pelos negros y rizudos
Vuelan, pasean, andan como si nada, creyendo que pueden tener un vida normal
un registro de conducir
una casa linda
un parque con parrilla
y quien te dice, un gato de mascota
Yo paso y los miro, con lástima, con conciencia
ellos no pueden, porque son pelos
porque son pelos y no tienen nada que hacerle
Algunos toman cerveza, porque les gusta
otros te miran y te dicen algo
pero nadie, absolutamente nadie les hace caso
¿Quien va a mirar unos pelos por la calle?
Solo yo...
domingo, 12 de agosto de 2007
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3 comentarios:
no sé quién va a mirar tantos pelos por la calle.. los míos ya son suficientes como para estar ocupada tratando de sacármelos de la cara. y barriéndolos en mi casa.
te paso un texto de un señor que a mi me gusta mucho y me llega.. también es un buen acompañante.
Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo –me pregunto-- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de con temporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, coda una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquella desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, esta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abuse de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junta con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. E1 hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto mas insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y es per a r que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.
oliverio girondo.
lucre
coincido con su amigo oliverio
yo tengo tantos yos que tuve que mudarme a un depto de 16 hab maso menos para que cada uno duerma por separado
si se juntan se arma la ecatombre y la que no puede dormir soy yo
como ahora... son las 2:55 y no tengo ni una gota de sueño
mañana me levanto a eso de las 7
una catastrofe...
original y cretivo gracias señorita Milena (tu maestra)
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