miércoles, 5 de septiembre de 2007

Para pensar (un poco más)

Entro a un cine con la película empezada. Los ojos vienen del día claro, de los 5400º kelvin, por lo que las pupilas están en su mínimo tamaño. Cuando ingreso a la sala solo veo la pantalla, el resto es puro negro, pero negro en serio, no hay ni un gris. Empiezo a tantear donde sentarme, toco brazos, piernas y vaya a saber que más. Finalmente decido que el acomodador me acompañe con su linterna (que por cierto no tiene linterna pero si puede manejar la oscuridad): cuestión que me sienta en una butaca con un tipo de 2 metros adelante. Imposible disfrutar de una película con una cabeza en el medio de la pantalla, me empiezo a deprimir. No tengo idea si el cine está vacío o lleno, aunque quiero pensar que tengo posibilidades todavía. Pruebo a mi lado tocando el apoyabrazos, efectivamente hay un brazo... La lógica es: el cine está completo y la única desocupada es detrás del alto, claro. Pero insisto una vez más. Entre los contraluces creo distinguir que a la izquierda de la mampara que interrumpe mi visión, no hay nadie, meto mano disimuladamente y no toco ni espalda ni cabellera. Me levanto entusiasmada para ocupar el asiento libre. (A todo esto, los espectadores ya sentados que disponen de sus pupilas en tamaño normal, pueden ver todos mis movimientos torpes y ridículos). Pido al señor alto, educadamente que me deje paso, para ingresar en la fila, el señor se para, el cine ya está molesto conmigo. Me siento, más bien, apoyo mi culo sin piedad sobre el asiento para disfrutar al fin del film: una señora petisa me hace upa. Un papelón.
Después de un rato (cuando debería solo concentrarme en la pantalla, pero a causa de mi amigo no me es del todo fácil) puedo ver que tengo a un señor de bigotes a mi lado, más adelante una mujer besa a su novio. Tres butacas en diagonal un hombre gordo se ha dormido.

Pensamientos que se infieren de este episodio peculiar:
1- Para ver algo es necesario dejar pasar el tiempo.
2- Para poder entender algo, hay que primero adaptarse.
3- Cuando uno ya está adaptado, ya no es necesario ver, porque hay que pasar a lo próximo.
4- Uno es ciego en terreno virgen. (Con todas las interpretaciones que esta frase abarque)
5- Ser ciego es lo peor.
6- Definitivamente: los altos no deberían ser admitidos en ningún cine.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡espectacular!
me encanta como escribís
Te estás acercando a ser
UNA MINA,MINA

Anónimo dijo...

Para no hacer un ensayo sobre la ceguera me remito a decir...si los altos no son admitidos en el cine sus novias-petisas tampoco irían, tendrían que ver películas en sus casas con sus novios. El día de mañana sus hijos tampoco irían y el cine se transformaría en lugar de solteros de común estatura, solteros enanos, parejas de normal estatura, hijos de hombres altos desobedientes, hijos de enanos y de gente de común estatura. Eso sí, ojo con los enanos que podrían ser la próxima clase revolucionaria!

Anónimo dijo...

petisa: le recuerdo que yo tambien sali con un alto, y que para nosotras, estando a su lado y no detras, no pasa nada. es mas, si alguien alto se nos ponia adelante, cambiabamos asiento con nuestro novio y ya estaba. Ahora son otras epocas y yo lucho por esta nueva ley... si me pongo a salir con otro alto, cosa que probablemente pase, porque me gustan, entonces luchare por bajar la ley. vivo el presente, loca...

Anónimo dijo...

y soy egoista, claro está.